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Requijada, la casa de Santa María de las Vegas (I)
Una bella imagen, una misteriosa iglesia, un valle de frescos manantiales que bañan el antiguo concejo de las Vegas de Pedraza. Un paseo por parte de la historia del pueblo segoviano de Requijada. Desde aquí, una invitación a conocerla … Era Rural Noticias/Almudena Rico A la rinconada de un cerro que le abriga del norte, sobre el valle del río Sordillo o de Santa águeda, se encuentra la aldea de Requijada, rodeada de montes de encina y enebro, viejas viñas, prados y olmedas, que junto a la aridez de las altas lastras calizas, configuran su paisaje. Páramos alfombrados de yerbas aromáticas, entre las que abunda un cantueso singularmente hermoso, cuya flor llaman aquí “rosa del Señor”, y a continuación el amplio valle de las Vegas. La lastra señorea el valle desde una gran altura, pareciendo a veces un castro fortificado por una muralla natural formada por enormes rocas calizas. Desde allí, descienden hasta el valle numerosos vallejuelos frescos de hermosas fuentes y manantiales. En el valle, el antiguo concejo hoy despoblado, flanqueado por olmas pluricentenarias de la conmovedora y bellísima iglesia románica de Santa María de las Vegas, sin duda uno de los templos más antiguos y significativos de la provincia segoviana. El Concejo de las Vegas Cega fue una población muy pequeña situada entre el río Cega y el arroyo de las Vegas, y cuyo emplazamiento se denota hoy por unas cercas próximas al “molino Cega”, hoy convertido en piscifactoría. Los vecinos de este barrio se enterraban en la iglesia de las Vegas, según se puede observar aún en algunas sepulturas cubiertas con grandes laudes de piedra caliza y labradas, como la que dice: “Aquí está sepultada María, mujer de Alonso de Aragüetes, vecinos de Cega, fallecida año de 1571”. Pero aparte de estos dos, existieron antes otros despoblados en el valle de las Vegas, como Valdemerque, La Revilla, Los Hitales, Valdicuadría, Sietemil, o Barbadillo, cuyos habitantes, según la tradición, murieron al beber agua emponzoñada de la “fuente Mora”. La leyenda Que según cuenta la leyenda, “…los infantes eran siete y los moros siete mil…”., que “…salieron de Cañicosa…”, pueblo próximo a Barbadillo, y que murieron según sostiene la tradición de esta tierra, en la celada que les tendieron en Valdicuadría, por donde discurre el camino real. Una tierra llena de historias y tradiciones, como la que también cuentan los vecinos de estos contornos y que Manuel González Herrero recoge en su libro “La sombra del enebro”, que dice que la barranca Cega, un desgarro rojizo en el verde oscuro de la ladera, ha servido de toda la vida a los vecinos para saber cuándo llega la hora de mediodía, como si fuera un reloj de sol natural. Por la mañana le da la sombra del monte y cuando la línea de sombra lega al borde inferior de la barranca, son las doce del mediodía; a las dos ya está toda la barranca al sol. Lugar ancestral No obstante, en el entorno de la iglesia se han encontrado importantes restos arqueológicos de diferentes épocas. Un importante y extenso yacimiento romano y huellas de un considerable sustrato prerromano, incluso restos de una población visigoda y mozárabe; de hecho, el templo fue construido sobre el que fuera un mausoleo de época paleocristiana, como han revelado excavaciones arqueológicas realizadas dentro de su pórtico. La iglesia de las Vegas es uno de esos lugares ancestrales, sagrados o mágicos, testigos de la permanencia de la historia; restos y huellas de la sucesión de todas las culturas: lítica, autóctona, romana, visigoda, mozárabe, románica… (Continuará …)
1- Imagen de la Iglesia de Nuestra Señora de las Vegas (Requijada), vista desde el sur. |
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